La vida personal de un obrero del Señor está íntimamente relacionada con su obra. Por lo tanto, a fin de determinar si alguien es apto para ser empleado por Dios, es necesario considerar su carácter, hábitos y conducta. Esto tiene que ver con la constitución de su carácter y la formación de sus hábitos. Tal persona no sólo requiere de cierta experiencia espiritual, sino una constitución apropiada en su carácter; el Señor tiene que forjar un temperamento apropiado en ella.
Son muchas las características que deben ser edificadas, cultivadas y desarrolladas en un obrero del Señor a fin de formar en él los hábitos apropiados. – hermano Watchman Nee – 1948




